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El sector agrícola figura entre los tres segmentos que más contribuyen al Producto Interior Bruto mundial. Según datos publicados en el sitio web Statista, en 2021, la producción de productos agrícolas ocupó el segundo lugar después de los sectores de servicios e industria, siendo responsable del 4,3% de todo el PIB generado en el mundo. En ese año, la producción agrícola mundial superó el billón de dólares solo en Estados Unidos.

Sin embargo, incluso con una gran participación en la generación de riqueza, el sector se ha ido enfrentando cada vez a más desafíos. El cambio climático, los actos reglamentarios, la elevada competencia, el encarecimiento de los insumos y otros factores han provocado un aumento de los costos de producción agrícola en todo el planeta. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los costos de la producción agrícola en todo el mundo aumentaron alrededor de un 70% entre 2000 y 2018.

Por otro lado, la necesidad mundial de producción de alimentos seguirá creciendo cada año. Según el informe de la FAO La Agricultura en la Encrucijada, la demanda de alimentos aumentará un 70% hasta 2050. Este patrón caracteriza a la agroindustria como uno de los sectores con perspectivas más desafiantes para los próximos años.

Un aumento de la demanda asociado a unos costos crecientes y los retos impuestos por las normativas medioambientales y la competencia mundial exigen que las empresas agroalimentarias inviertan en herramientas para controlar los costos y aumentar la rentabilidad, sin perder espacio en el disputado mercado de las materias primas.

Las principales fuentes de costos y los costos más subestimados en la agroindustria

Una de las fuentes de costos más subestimadas en el sector es la de las operaciones de almacenamiento y transporte de la producción. Según un estudio publicado en 2020 en la revista científica Nature Food, en el que se evaluaron las pérdidas en diversas etapas de la cadena de producción agrícola, las pérdidas de alimentos durante el transporte y el almacenamiento representan un costo de 220.000 millones de dólares al año para las empresas del sector.

Estos datos revelan una importante oportunidad para las organizaciones agroalimentarias, que necesitan controlar los precios y ampliar el servicio al mercado. Comprender exactamente cuál es el peso de las pérdidas generadas por las operaciones de almacenamiento y logística dentro de su cadena de producción y en qué fases de la distribución se produce es un paso importante para determinar acciones que mitiguen el problema y ampliar así sus márgenes sin aumentar necesariamente los precios, que ya se están disparando debido al aumento de los costos de los insumos.

Los demás centros de costos de cada empresa varían en función de los productos de su cartera, la extensión de sus cultivos, los factores climáticos, la mano de obra, la inversión en mecanización y muchos otros aspectos. Corresponde a cada organización desarrollar métodos para visualizar los diferentes generadores de costos y cómo cada uno de ellos repercute en la rentabilidad de la empresa.

Vigilar los costos del futuro de la agroindustria

Por si las pérdidas en la cadena de producción y el elevado costo de los insumos no fueran suficientes, la producción agrícola se enfrenta a un escenario especialmente complejo. Al mismo tiempo que es necesario ampliar la producción para satisfacer la demanda en los próximos años, la tendencia es que la producción de alimentos será cada vez más cara y difícil.

Las exigencias de sostenibilidad y responsabilidad medioambiental pesarán cada vez más sobre el sector, exigiendo a la agroindustria medidas para reducir el impacto negativo de sus actividades. En la actualidad, el sector agrícola es responsable del 25% de las emisiones mundiales de carbono (datos de la FAO), además de ser el causante de la mitad de la erosión mundial del suelo anualmente, arruinando 1.300 millones de toneladas de suelo cada año. Por este motivo, las presiones gubernamentales con nuevas normativas para el sector deben ser cada vez mayores.

En este contexto, invertir en tecnologías y acciones para invertir estas cifras es necesario no sólo para cumplir las normas, sino también para permitir la continuidad de las propias operaciones a largo plazo y posicionar a las empresas del sector de forma competitiva como aliadas de las causas medioambientales. Pero esto tiene un gran costo. Cambiar las técnicas de producción para establecer un formato menos destructivo sin perder productividad no es una tarea sencilla ni barata.

Por lo tanto, estamos viviendo un momento en el que se ha vuelto sencillamente indispensable invertir en tecnologías que permitan una visualización clara de las múltiples fuentes de los costos de producción. Las organizaciones que inviertan en tecnologías capaces de realizar un seguimiento preciso de los costos y de simular escenarios basados en datos fiables estarán en mejores condiciones de mantener sus márgenes incluso ante el aumento de los costos de producción, aprovechando las oportunidades generadas por el incremento de la demanda, además de obtener la flexibilidad financiera necesaria para invertir en acciones y en un posicionamiento sostenible sin comprometer los beneficios empresariales.